Quiero retomar la costumbre de escribir. No porque desee
hacer públicas mis desilusiones (suelo escribir cuando tengo pena), sino porque
el hacerlo permite que las deje ir, me obliga a estar un tiempo reflexionando
sobre aquello que me aqueja y la mente se siente más liviana.
Leyendo cosas que escribí hace años, me percaté de lo mucho que se puede cambiar en un periodo no tan largo de tiempo. Me causa ternura aquella persona que llegó el 2010, sin ninguna idea de lo que podría pasar acá, ciega en muchas cosas pero mucho más lúcida que la de ahora en otras. Huasa como ella sola, burbujilla como ella sola.
Leyendo cosas que escribí hace años, me percaté de lo mucho que se puede cambiar en un periodo no tan largo de tiempo. Me causa ternura aquella persona que llegó el 2010, sin ninguna idea de lo que podría pasar acá, ciega en muchas cosas pero mucho más lúcida que la de ahora en otras. Huasa como ella sola, burbujilla como ella sola.
La estadía en Santiago no tiene nada que envidiarle a una
montaña rusa. Creo que de los 3 años completos que llevo acá, el último fue el
peor, o quizás deba decir el menos bueno. Hartos cuestionamientos (no es mala una conciencia crítica, pero sí lo es
cuando las preguntas te paralizan), hartas desilusiones e ilusiones no
cumplidas… en fin, proyectos no resueltos o no cumplidos de cuajo. ¿Vienen
tiempos mejores? No sé. Tengo medias certezas sobre el presente, solo eso.
Quizás ya sea hora de empoderarse de la vida y no que ella se apodere de uno,
como me ha sucedido a mí. ¿Será que es posible?
8 de agosto de 2013 a las 6:53
Ya, ¿y cuáles fueron esas cosas? Saludos y bendiciones :)