# 28 Ralco

Desde el sábado 8 hasta el jueves 13 de febrero estuvimos en las Vegas de Ralco, un pequeño y hermoso oasis en medio de la cordillera que nos acogió con amor durante esos días. No tenía muchas certezas de qué nos esperaría allá y no estaba segura en un inicio de si era lo mejor ir o no, pero El Creador hace como quiere con los suyos, y que buen querer el que estuviera arriba en la cordillera. 

Son varios los aprendizajes que quedan en mí: el cómo intervenimos la naturaleza y hasta dónde estamos dispuestos a llegar en favor del "progreso", el cómo como turistas pretendemos controlar los lugares que usamos para descansar sin considerar que quienes viven allí quieren/necesitan las mismas comodidades que nosotros tenemos en las ciudades, el cómo los niños son niños y no un “proyecto de adulto”, el valor que el agua tiene como sustento básico e indispensable para la vida, lo inteligente que son los animales y cómo reconocen a quién pertenecen, el concepto de lo comunitario y no de lo individual, el valor de la identidad y de re-significar … 


Cuando llegué por la noche extrañé el puelche. Ahora extraño ir a dejar a los niños a las casas, esperar el almuerzo, conversar y reír en la tarde, la espera de la tortilla, los piñones a media tarde, las rondas de mate y su palabra prohibida “gracias”. Extraño lavar con tierra por opción grupal, extraño reír por la pirámide, que se burlen porque cocinábamos de manera torpe para que después nos ayudaran a terminar todo. 
¡Hay tanto más que decir! 

Chalmutay peñi, chalmutay lamien, chalmutay ñaña.

Soli deo Gloria.










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